Hay días en los que llegas a casa con ganas de comer algo que se sienta "especial" pero sin energía para estar una hora pegado a los fogones. Este pastel de salmón y espinacas es, para nosotros, la solución perfecta. Es de esas recetas de "mezclar y al horno" que te permiten bañarte o desconectar un rato mientras el aroma invade la cocina.
Lo que más me gusta de esta combinación es el contraste entre el punto salado del queso feta y el ahumado del salmón. No es el típico pastel de verduras soso; tiene mucha personalidad y, sobre todo, sacia de verdad sin dejar esa sensación de pesadez que dan las masas de harina de trigo.
En casa lo hacemos mucho cuando las espinacas están a punto de ponerse tristes en la nevera. Es una forma fantástica de meter verdura a los niños (o a los adultos que aún se resisten) sin que parezca una obligación. Al final, se trata de eso: de comer mejor disfrutando del proceso, sin etiquetas raras ni complicaciones.