Esta es, posiblemente, una de las primeras recetas que cualquiera que quiera empezar a comer mejor debería aprender. No tiene misterio, no ensucia casi nada y el resultado es de esos que te hacen sentir que, por fin, le estás dando a tu cuerpo algo bueno de verdad.
En casa la hacemos mucho cuando no queremos complicaciones. El papillote no es más que una técnica donde el alimento se cocina en su propio jugo, encerrado en papel de horno. El salmón queda jugoso, nada seco, y los sabores de la verdura se mezclan de una forma que sorprende para lo poco que se tarda en preparar.
Como siempre digo, no estamos a dieta, simplemente estamos aprendiendo a tratar mejor el producto. Si yo soy capaz de cerrarlo bien y que salga rico, te aseguro que tú también puedes. Es una receta honesta, real y perfecta para una cena ligera después de un día largo.